martes, 6 de septiembre de 2011

cosas de 2.

Mirara donde mirase todo le hacía obtener la misma conclusión, la mayoría de mujeres precisaba de un hombre al lado para ser quienes eran.
Si no hubiese sido por un hombre que las complementase Blancanieves todavía seguiría con aquella podrida manzana en la mano  tumbada en esa impecable vitrina.
La Bella Durmiente no hubiese despetado de ese letargo propio de los homeotermos en periodos gélidos.
La Cenicienta continuaría limpiando suelos con aquel viejo cepillo y Caperucita hubiese terminado en el estómago de aquel lobo de no haber sido por aquel oportuno cazador, que evidentemente era hombre.
Julieta no hubiese sido famosa, y Olivia tendría que haber tirado a la basura todas esas latas de espinacas.
Rose hubiese caído por la borda de aquel gigante transatlántico de no ser por Jack, y Julia Robers continuaria siendo una prostituta en Sunset Boulevard.
Sabía que si no hubiese sido por el sexo masculino Imelda Marcos jamás podría haber comprado millares de aquellos caros pares de zapatos y Letizia Ortiz todavía sería periodista.
Pin no hubiera alcanzado la fama sin Pon, Minnie sería una triste rata de alcantarilla y la sirenita jamás hubiese conseguido ese ansiado par de piernas.
Y una vez más ella sentió que debía ser la excepción que confirmaba aquella inutil regla, había llegado a lo más alto y había sido capaz de mirar hacia abajo y contemplar todos los hombres que quedaron en su camino sin pooder alcanzar la cima a su mismo ritmo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Luces rosas y mariposas.

Después de una larga cena con sobremesa incluída ellas me hicieron pensar en las luces rosas que alumbran nuestras vidas.
Aquella noche nos dimos cuenta de que vivimos obsesionadas en encontrar al hombe perfecto.
Pedimos que lea libros pero que no sea pedante, que tenga toques masculinos pero conservando algo de ternura. Queremos que tengan una abultada nómina sin dejar de ser humildes, que sean buenos padres, que no pierdan la pasión.
Queremos que sepan combinar el color de la camiseta con el del pantalón, que recuerden nuestro cumpleaños, la fecha de nuestro aniversario y el día en que nos besamos por primera vez.
 Pedimos que sepa cocinar y ya somos totalmente afortunadas si es capaz de separar la ropa en clara y oscura al hacer la colada. Nos encanta que no ronquen, que tengan los ojos claros y el pecho depilado. Que nos paguen la entrada al cine, que noten cuando vamos a la peluquería y que hagan deporte.
Y cuando lo encontramos experimentamos lo que decía aquella vieja canción de uno de mis vinilos preferidos, todo queda invadido por luces rosas y mariposas.
El escenario se apaga y los focos deciden qué papel celofán elegirá la ambientación del momento, siempre gana el rosa, por excelencia, es su momento. Es un pacto tácito entre el resto de colores que le permite invadirlo todo a ese tono pasteloso...Y mariposas, sí son mariposas el tipo de insecto que idílicamente recorre nuestro cuerpo.
Luces rosas y mariposas que indican que llegó el hombre que reune todas esas características.
Pero mientras la iluminación se encuentra en pleno apogeo, todo se llena de pequeñas criaturas voladoras, mientras se descorcha a lo lejos una botella de un caro champagne  nos emocionamos tanto que olvidamos hacernos una pregunta, algo secundaria al parecer...¿Será capaz de aprender a amarnos?
Tal vez la obviamos porque odiamos la respuesta...