martes, 1 de noviembre de 2011

un, deux, troix.

Aquella noche ni el maquillaje, ni su nuevo Louis Vuitton, ni aquella fiesta llena de luces rosas, que digo rosas, luces de todos los colores evitaron que se pusiese a pensar en lo de siempre.
Pensó entonces en ese número que desde hacía meses no se le iba de la cabeza, tres...
Reparó en los treses que había vivido en su historia y que le habían hecho realmente feliz.
Tres, eran esos los reyes magos. También eran tres los sobrinos del tio Gilito, las chicas venidas del cielo que trabajaban para Charlie. Los BeeGees y por supuesto los mosqueteros. Todo el mundo había conocido con ese número a los tenores, a los cerditos del famoso cuento y a las Marías.
También había oido eso de donde caben dos, caben tres...pero en ese caso sabía que tres eran multitud.
Recordaba los primeros besos furtivos sabiendo que se metía donde no tocaba, el juego prohibido, la manzana que no podía morder. El Adán menos una costilla, el jugar al escondito con los sentimientos, las iniciales miradas de complicidad.Todo aquello quedaba lejos, muy lejos.
Pegó un par de tragos a su gin tonic sabiendo que preferiria que fuesen dos, dos como lo eran Barbie y Ken, como Romeo y Julieta, como Marco Antonio y Cleopatra.
No podia cambiar la música de aquella fiesta, ni la marca de la ginebra que bebía. Tampoco el vestido rojo de la anfitriona,ni las luces de colores pero si que podía cambiar aquello que la atormentaba, ahora decidía si seguir en aquel juego de niños o viajar lejos. Si volver a añadir un cuño más en el pasaporte que compartía con aquel loco o simplemente extraviar ese visado para no encontrarlo jamás...
Recordó aquellas palabras: "El juego se llama seducción, quien se enamora pierde", palabras que ella misma había pronunciado cuando toda aquella historia no era más que eso, un juego.
Y entonces reparó en que tal vez había perdido casi sin darse cuenta, pero perdido en toda regla. Era de esos que pierden llegando los últimos con diferencia, los que pierden hasta la última ficha del casino, los que el azar y la suerte han borrado de su lista.
Tenía la decisión tomada, pero prefirio llevarla a acabo cuando los gin tonics que llevaba en el cuerpo hubiesen desaparecido por completo...

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